El juez federal de Mar del Plata Alfredo López fue destituido este martes por el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, que consideró que incurrió en mal desempeño a partir de una serie de publicaciones realizadas en X. El magistrado había denunciado durante el proceso una “persecución ideológica” y defendió que sus expresiones estaban amparadas por la libertad de expresión.
Las denuncias contra López apuntaron a publicaciones y reposteos que fueron considerados agraviantes y discriminatorios hacia la comunidad judía. El Jurado entendió que esos mensajes resultaban incompatibles con los deberes de imparcialidad, decoro y confianza pública que exige el ejercicio de la magistratura.
López, sin embargo, negó haber discriminado a la comunidad judía y sostuvo que sus intervenciones estaban vinculadas con críticas políticas, el sionismo, Israel y cuestiones de interés público. También cuestionó que se utilizaran reposteos y respuestas de terceros para responsabilizarlo dentro del proceso.
Uno de los principales argumentos de su defensa fue que un juez no debería ser removido simplemente por expresar opiniones personales, especialmente cuando, según sostuvo, sus publicaciones no habían derivado en denuncias penales ni demandas civiles. “Denunciar un genocidio no es un acto de odio, sino un acto de defensa de los derechos humanos”, afirmó durante el jury.
Antes de la resolución, López había presentado su renuncia, pero el Poder Ejecutivo decidió no aceptarla y el proceso continuó hasta su destitución. Con el fallo, dejó de estar al frente del Juzgado Federal número 4 de Mar del Plata.
La decisión abre ahora una discusión de fondo: hasta dónde puede llegar el control sobre las expresiones públicas de un magistrado y cuándo una opinión personal puede convertirse en motivo suficiente para apartarlo definitivamente de su cargo.