El vertedero municipal volvió a poner a San Carlos de Bariloche al borde de una crisis sanitaria y política. Mientras toneladas de residuos se acumulan diariamente, los vecinos aseguran que ya no pueden dormir por los olores y los trabajadores realizan sus tareas sin acompañamiento estatal. En ese contexto, la gestión de Walter Cortés permanece atrapada entre excusas, promesas incumplidas y disputas dentro del Concejo Municipal.
La situación estalló durante la Comisión Legislativa, cuando se discutió una nota presentada por la Asociación de Recicladores de Bariloche (ARB) para participar de la Comisión Especial del Vertedero. Lo que debía ser una respuesta institucional para quienes trabajan todos los días entre los residuos terminó convertido en una batalla política que expuso la parálisis de un municipio sin soluciones concretas.
El concejal Leandro Costa Brutten fue contundente al describir el estado del predio y apuntó directamente contra la administración municipal. “Si hay un tema sanitario urgente en esta ciudad es el vertedero. Es un desastre el lugar”, afirmó. También trazó un balance lapidario sobre el abandono acumulado: “Ocho años de Genusso, tres de Cortés y está peor. No está mejor”.
La acusación más grave fue todavía más directa. Según Costa Brutten, el oficialismo intenta “dormir” la comisión creada para discutir la clausura y remediación del basural. “Lo quieren dormir, pero es tan evidente que en algún momento se les va a explotar todo”, advirtió. La frase resume el problema central: la Municipalidad no solo carece de una solución, sino que tampoco logra sostener un espacio institucional para buscarla.
La concejal Julieta Wallace también responsabilizó al oficialismo municipal y exigió al presidente de la comisión, Juan Pablo Ferrari, que convoque a sus integrantes. La edil recordó que el organismo debía producir un informe público dentro de los 120 días posteriores a su constitución y denunció que los plazos vencieron sin que aparecieran resultados, respuestas ni una hoja de ruta seria.
Mientras el intendente Walter Cortés ensaya discursos de gestión y busca fortalecer su poder político, cientos de familias continúan respirando el aire contaminado que rodea al vertedero. Los testimonios incorporados al debate describen noches enteras atravesadas por un olor insoportable, una postal que contrasta con la pasividad oficial y la falta de medidas sanitarias de emergencia.
La intervención de la concejal Roxana Ferreyra terminó de desnudar la dimensión del fracaso. La edil recordó que existe una ordenanza que dispone el cierre del vertedero desde 2022 y que continúa incumplida. “Un acta no tiene más peso que una ordenanza. Ya tendría que estar cerrado”, remarcó. La gestión de Cortés, lejos de corregir aquella deuda, profundizó la parálisis y mantuvo en funcionamiento un predio que debía haber sido clausurado.
Ferreyra también señaló que la planta de tratamiento quedó abandonada y acusó tanto a la administración anterior como al actual gobierno municipal de desentenderse del problema. Sin embargo, Cortés ya no puede refugiarse indefinidamente en la herencia recibida: tuvo tiempo para presentar un programa integral, gestionar inversiones y establecer plazos, pero el vertedero continúa operando sin una salida definitiva.
El rostro más brutal de ese abandono lo padecen las trabajadoras de la Asociación de Recicladores de Bariloche. “Están solas, no las acompaña el Estado municipal en nada. Trabajan con la basura de todos nosotros”, denunció Ferreyra. La afirmación exhibe una contradicción difícil de ocultar: quienes sostienen parte del sistema de recuperación de residuos no reciben protección suficiente del mismo municipio que debería garantizar condiciones laborales y sanitarias.
Desde el oficialismo, el presidente del Concejo, Gerardo Del Río, intentó trasladar la responsabilidad hacia la oposición y recordó la presentación de un pliego de licitación. También preguntó dónde podrían depositarse las 250 toneladas de basura que Bariloche produce diariamente si el vertedero fuera cerrado. El planteo, sin embargo, confirma la gravedad de la improvisación: después de años de advertencias, el gobierno municipal todavía no tiene preparado un destino alternativo.
El intendente prometió orden, autoridad y capacidad ejecutiva, pero el vertedero se convirtió en el símbolo de una gestión que habla fuerte y resuelve poco. Entre comisiones paralizadas, ordenanzas incumplidas, recicladores desamparados y vecinos obligados a convivir con olores nauseabundos, la basura dejó de ser solamente un problema ambiental: es la prueba más visible de un municipio desbordado.
Cortés podrá culpar a gobiernos anteriores, enfrentar a la oposición o esconderse detrás de discusiones administrativas, pero los residuos continúan llegando todos los días. El basural está abierto, la crisis sanitaria permanece intacta y la solución todavía no aparece. En Bariloche, la basura se acumula al mismo ritmo que las promesas incumplidas del intendente.