8 de marzo de 2024
Género

Día Internacional de la Mujer Trabajadora

8M | Mujeres en el Poder Judicial: emocionante testimonio de una jueza que logró romper el techo de cristal

Carolina Crispiani
Carolina Crispiani

El “techo de cristal” es una barrera invisible que le impide a las mujeres ascender a puestos de poder. En el sistema judicial de la Argentina, si bien hubo un gran avance a lo largo del tiempo, pocos son los cargos jerárquicos ocupados por mujeres y la paridad no existe. Ni hablar del colectivo travesti trans, un espacio minoritario relegado históricamente.

Según un informe de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia, solo el 30 por ciento llegan a ser camaristas, magistradas o procuradoras.

Causa Judicial se contactó con una mujer que logró llegar a liderar un equipo y hoy es referente dentro del la Justicia penal y sus fallos con perspectiva de género.

Se trata de Carolina Crispiani. Tene 44 años, es oriunda de la ciudad de La Plata y mamá de dos chicos. Actualmente, es jueza de un Tribunal Oral en lo Criminal en el fuero Penal y aseguró que fue todo un desafío llegar a ser magistrada en uno de los sitemas más complejos en la provincia de Buenos Aires.

  • ¿DÓNDE ESTUDIASTE Y POR QUÉ DECIDISTE HACER LA CARRERA DE DERECHO?

Estudié la carrera de abogacía en la Universidad Nacional de La Plata, en donde -en la actualidad- soy docente (adjunta por concurso) de la cátedra de Derecho Penal I. 

Vengo de una familia de médicos (abuelo paterno y mis padres), fui la primera abogada en la familia. Desde muy chica sabía lo que quería hacer, tuve esa gran fortuna de sentir el deseo y desafío por el estudio de las leyes, más aún sabiendo que si continuaba la rama de la medicina -quizás- hubiera tenido la posibilidad de tener más puertas abiertas.

A la hora de elegir prioricé mi intuición y también mi razón. Yo ya en aquel momento tenía una meta. Mi decisión estuvo alineada con lo que yo era, quería y pensaba. Entiendo que en la vida todo el tiempo estamos eligiendo, la vida es la suma de nuestras elecciones. ¿Qué me ayudó a mí a conocer mi potencial? El conocerme a mí misma (quién era, cómo era, que quería, qué me gustaba, qué me resultaba fácil, en qué tipo de lugares o ámbitos me gustaba estar y haciendo qué). 

Dicho de otra forma, la decisión que tomamos nos acerca o nos aleja de la persona que queremos ser. Y allí estuvo mi respuesta. Me jugué por lo que quería. 

Para los que tuvimos el privilegio de estudiar (porque no todo el mundo puede hacerlo) me animo a hacerles una sugerencia: pongan el foco -más allá de la carrera en sí-, en pensar que van a estar haciendo gran parte del día en su futuro, en proyectarse.  

La Universidad pública me dio mucho, siempre voy a estar agradecida. Por la Universidad pude acceder a mi primer empleo (en aquel momento llamado: “pasantías por mejor promedio”). Así, realicé mi primera práctica profesional en un estudio jurídico de Buenos Aires de gran trayectoria.

Mientras tanto, seguí estudiando, me especialicé en derecho penal en la Universidad Austral y tomé la segunda decisión importante en mi vida -en lo que a la carrera profesional se refiere- ¿cuál fue? Renuncié a mi primer empleo. ¿Por qué? En aquel estudio donde me desempeñaba no se dedicaban al derecho penal, y yo sentía que estaba defraudando mis expectativas. Una vez más seguí mi instinto. 

Hoy más que nunca siento que una decisión es más que un deseo, es un “compromiso”, significa comprometerse para alcanzar un resultado. Creo firmemente que en la vida hay tres clases de personas: las que hacen que las cosas ocurran, las que miran lo que está ocurriendo y las que preguntan que es lo que ha ocurrido. Les propongo pensar: ¿en qué grupo están?

Con el paso de los años supe aprender que el éxito no es una cuestión de suerte o de talento, es una cuestión de actitud, de esfuerzo y perseverancia. 

  •  ¿CÓMO FUE TU COMIENZO EN EL PODER JUDICIAL?

Comencé mi carrera judicial como meritoria en una Fiscalía Penal, luego de haber renunciado -como les contaba- al estudio jurídico donde me desempeñaba. Cambié el peso de mi humilde trayectoria por la ligereza de empezar de cero, de ser una principiante. 

Estuve un año trabajando a destajo y sin recibir remuneración, hasta que finalmente accedí a mi primer cargo, el más bajo del escalafón. Debo ser sincera al confesar que en la época de mis inicios en la carrera judicial el contexto no era igual al actual, respecto al posicionamiento de la mujer. Con el paso del tiempo fui testigo de una gran construcción y transformación que se fue gestando respecto a los diálogos entre hombres y mujeres. Hoy puedo afirmar que ese espacio se ha creado, lo que permitió abrir camino para las nuevas generaciones, todo logrado con mucha empatía, perseverancia y respeto. 

Todos estos años me han dejado grandes enseñanzas, los diferentes jefes que he tenido, los equipos de trabajo que he conformado. Pero yo tenía un plan para mi vida. Y hoy puedo decir que lo he alcanzado, aunque me quedan muchas metas por cumplir. 

Rendí mi primer examen para el cargo de juez cuando mi hijo más pequeño tenía cuatro meses (dando el pecho y con muy pocas horas de sueño). Pero eso solo fue el comienzo. Fue un largo camino el que tuve que recorrer para llegar a desempeñarme en el cargo que hoy ocupo.

Hoy lidero un equipo de trabajo. Pero ¿Qué entiendo yo por liderar? Liderar es trabajar sobre la actitud de los demás, tiene que ver con inspirar, con transmitir. Liderar no es decirle a los demás lo que tienen que hacer y verificar posteriormente que se haya cumplido con el trabajo adecuadamente en tiempo y forma. 

En cierta forma, sacar lo mejor de las personas incluye sobre todo sus actitudes. Porque las actitudes potencian los conocimientos y las habilidades. Las ganas de trabajar, la ilusión, el esfuerzo, la pasión, la iniciativa, la alegría, el entusiasmo, la capacidad de preservar, la voluntad de ayudar a los demás, la responsabilidad, la honestidad, el compañerismo, esos son mis principios. 

Pero el quid de la cuestión es que las actitudes de las personas son voluntarias. Las dan si las quieren. Y eso es que lo yo tuve que ganarme de mi equipo. Las buenas actitudes se ofrecen si se merecen. 

Yo he aprendido a disfrutar trabajando y he intentado siempre aspirar a la excelencia profesional. 

  •  ¿TE IMAGINABAS LLEGAR A SER JUEZA? ¿FUE DIFÍCIL?

Como contaba anteriormente, yo tenía un plan para mi vida, una meta. 

Nada en la vida es simple. Todo requiere de esfuerzo y sacrificio. Antes de ser designada como jueza rendí 10 exámenes en el Consejo de La Magistratura, logrando aprobar cada uno de ellos. 

Por supuesto que fue difícil llegar al cargo que hoy ocupo. Requirió de mucho estudio, mucha preparación, mucha perseverancia y -principalmente- mucha valentía. Antes de ser designada he estado ternada en varias oportunidades, no logrando acceder a los cargos que se presentaban, pero eso no me detuvo. 

Hoy puedo afirmar que todas las situaciones con las que fui topándome -al seguir mi intuición- resultaron no tener precio más adelante. Para mí tener un trabajo genial es amar lo que uno hace, y así lo vivo. 

Soy exigente con mi trabajo, no me gustan las cosas hechas a desgano. Me gusta la gente que trabaja con responsabilidad y compromiso. Yo me debo a mi trabajo, como servidora pública debo cumplir y hacerlo bien, porque la comunidad, -los justiciables- me exigen estar a la altura de las circunstancias.

Presten atención a esto: en la vida no hay fracasos, sólo hay resultados. Si no lo hemos conseguido, vamos a aprender de esa experiencia de modo que la próxima vez dispongamos de esa información, para tomar mejor nuestras decisiones. El único fracaso es no tener el coraje de intentarlo.

Entonces, en esa larga carrera judicial, ¿en que puse siempre el objetivo? En trabajar con responsabilidad, honestidad, compromiso, capacitación, alegría, valentía, disfrute, gratitud, humidad, eligiendo hacerme responsable (como capacidad de dar respuesta frente a las circunstancias), cultivando la confianza y el respeto.

La responsabilidad para mi significa el poder de responder con habilidad. Y en este momento tan crucial, donde la ciudadanía ha perdido la confianza en el poder judicial, debemos redoblar esfuerzos para dar las respuestas que el pueblo exige. 

La diferencia entre el buen funcionario público y el que no lo es, no está en saber, está en hacer. Todos sabemos, pero los grandes hacen. La acción es lo que importa. Para decírselos de otra forma: las ideas no valen nada, salvo que decidamos aplicarlas.

Para lograr nuestro éxito laboral: 1ro. Tenemos que saber lo que queremos; en 2do. lugar tenemos que saber lo que tenemos que hacer para lograrlo, y, por último, tenemos que hacerlo. 

Hacer es la diferencia entre desear y decidir, querer no es lo mismo que hacer. 

Yo soy una convencida de que la vida no consiste en ser el mejor, o en ser mejor que los demás, sino en ser la mejor persona que uno puede llegar a ser. 

Llevado esto al ámbito laboral pienso que las personas mediocres son aquellas que se dedican a cumplir con sus obligaciones, ni más ni menos, a desempeñar sus funciones de manera tal que no puedan existir motivos para ser despedidos. 

Los buenos trabajadores -en cambio- son aquellos que hacen más de lo que se espera de ellos, que tienen buenas intenciones y un orgullo profesional que les impide quedarse en la mediocridad. Los excelentes trabajadores son aquellos que sienten su lugar de trabajo como propio, que son responsables.

Como todos sabemos el Poder Judicial atraviesa una crisis de legitimidad compleja. Toda crisis de legitimidad es -en parte- una crisis de confianza. Muchos argentinos han perdido la confianza en el Poder Judicial. Por tal motivo, mi compromiso como operadora judicial es revertir dicha situación. Y en este sentido, puedo afirmar que lo que diferencia un deseo de un objetivo es el compromiso. 

En la vida hay dos tipos de personas: los que luchan y los que lloran, los que son responsables y los que no lo son, los que se comprometen y los que no se comprometen, los que perseveran y los que se lamentan. 

Dicho de otra forma, quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quiere hacer nada, encuentra una excusa. Luchar no garantiza el éxito, pero les aseguro que llorar garantiza el fracaso. 

Por eso los desafío a seguir su intuición, a confiar, a asumir un compromiso con ustedes, a llevar adelante sus objetivos con responsabilidad y persistencia, a hacer lo ordinario de manera extraordinaria y a nunca perder la alegría de vivir. Recuerden, cada uno de nosotros podemos elegir ser víctimas o ser protagonistas.

Y quiero permitirme culminar esta respuesta citando a la Madre Teresa de Calcuta que decía: “Que nadie se acerque jamás a ti sin que al irse se sienta un poco mejor y más feliz”.   

  • ¿ALGUNA REFLEXIÓN SOBRE LA PROFESIÓN QUE QUIERAS TRANSMITIR EN ESTE 8M?

Dicho todo esto, en este 8 de marzo de 2024 -día internacional de la mujer- los invito a repensar juntos que hoy no solo es un día de lucha, sino también de festejo y agradecimiento por el camino recorrido.

Pensemos por un momento que muchas de nuestras abuelas jamás pensaron estar en un lugar como este y nuestras madres -si lo soñaron- muy pocas de ellas lo lograron.

Nosotras las mujeres hoy estamos aquí, ocupando estos cargos, liderando equipos de trabajo, y lo que me conmueve profundamente es proyectar que para las generaciones futuras esto va a presentarse como una situación absolutamente normal. Ya está ocurriendo.  

Por eso, tenemos que ser muy valientes porque no todos nacemos con la intuición de pensar que podemos hacerlo, y porque nadie nunca nos dijo que el cielo es el límite. Recuerden que venimos con una gran estructura social que a las mujeres no se les permitía ser muy aventadas. 

Entonces, -el desafío está- en encontrar el amor propio, en romper moldes, en encontrar la auto confianza y la autoestima para saber que definitivamente “podemos”. 

No es una cuestión de talento, es una cuestión de actitud. 

Una aclaración importante. Las mujeres líderes no son solo aquellas que aparecen mencionadas en los rankings del mundo (aquellas que logran cargos gerenciales o que tienen a su cargo grandes equipos de trabajo). Las mujeres líderes somos todas aquellas que nos atrevemos a tomar un desafío, que ante cualquier problema logramos enfrentarlo, hacernos cargo y salir adelante. El liderazgo es la capacidad que tenemos de enfrentar los desafíos y cumplir nuestros sueños, y eso aplica para cualquier etapa de nuestras vidas y para cualquier ámbito. 

Desafortunadamente nosotras -las mujeres- no sabemos lo fuerte que somos hasta que ser fuertes es la única opción que tenemos. 

Las mujeres más nobles son las que vemos a diario ayudándose entre sí (las que se apoyan, se impulsan, se acompañan), y sobre todo cuando nos encontramos ante el flagelo de la violencia de género.  

Por eso, como operadora judicial- al servicio de la justicia y de la sociedad toda-, es tan valioso para mí la oportunidad de compartir con ustedes mi experiencia que -en mi caso- más que un placer, resulta ser una obligación. 

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